28/5/13

Sobre la teoría de la relatividad - Einstein - 13. Teorema de adición de velocidades. Experimento de Fizeau


13.    Teorema de adición de velocidades. Experimento de Fizeau

Dado que las velocidades con que en la práctica po­demos mover relojes y reglas son pequeñas frente a la velocidad de la luz c, es difícil que podamos comparar los resultados del epígrafe anterior con la realidad. Y puesto que, por otro lado, esos resultados le parecerán al lector harto singulares, voy a extraer de la teoría otra consecuencia que es muy fácil de deducir de lo ante­riormente expuesto y que los experimentos confirman brillantemente.
En el §6 hemos deducido el teorema de adición para velocidades de la misma dirección, tal y como resulta de las hipótesis de la Mecánica clásica. Lo mismo se puede deducir fácilmente de la transformación de Galileo (§11). En lugar del hombre que camina por el va­gón introducimos un punto que se mueve respecto al sistema de coordenadas K' según la ecuación

x' =wt’.
Mediante las ecuaciones primera y cuarta de la trans­formación de Galileo se pueden expresar x’ y t’ en función de x y t, obteniendo
x = (v + w) t.
Esta ecuación no expresa otra cosa que la ley de movi­miento del punto respecto al sistema K (del hombre respecto al terraplén), velocidad que designamos por W, con lo cual se obtiene, como en §6:




Pero este razonamiento lo podemos efectuar igual de bien basándonos en la teoría de la relatividad. Lo que hay que hacer entonces es expresar x' y t' en la ecua­ción
x' =  wt'
en función de x y t, utilizando las ecuaciones primera y cuarta de la transformación de Lorentz. En lugar de la ecuación (A) se obtiene entonces esta otra:



que corresponde al teorema de adición de velocidades de igual dirección según la teoría de la relatividad. La cuestión es cuál de estos dos teoremas resiste el cotejo con la experiencia. Sobre el particular nos instruye un experimento extremadamente importante, realizado hace más de medio siglo por el genial físico Fizeau y desde entonces repetido por algunos de los mejores físicos experimentales, por lo cual el resultado es irre­batible. El experimento versa sobre la siguiente cues­tión. Supongamos que la luz se propaga en un cierto líquido en reposo con una determinada velocidad w. ¿Con qué velocidad se propaga en el tubo R de la figura
 .

en la dirección de la flecha, cuando dentro de ese tubo fluye el líquido con velocidad v?
En cualquier caso, fieles al principio de relatividad, tendremos que sentar el supuesto de que, respecto al líquido, la propagación de la luz se produce siempre con la misma velocidad w, muévase o no el líquido respecto a otros cuerpos. Son conocidas, por tanto, la velocidad de la luz respecto al líquido y la velocidad de éste respecto al tubo, y se busca la velocidad de la luz respecto al tubo.
Está claro que el problema vuelve a ser el mismo que el de §6. El tubo desempeña el papel de las vías o del sistema de coordenadas K; el líquido, el papel del va­gón o del sistema de coordenadas K'; la luz, el del hombre que camina por el vagón o el del punto móvil mencionado en este apartado. Así pues, si llamamos W a la velocidad de la luz respecto al tubo, ésta vendrá dada por la ecuación (A) o por la (B), según que sea la transformación de Galileo o la de Lorentz la que se corresponde con la realidad.
El experimento[1] falla a favor de la ecuación (B) deducida de la teoría de la relatividad, y además con gran exactitud. Según las últimas y excelentes medicio­nes de Zeeman, la influencia de la velocidad de la co­rriente v sobre la propagación de la luz viene represen­tada por la fórmula (B) con una exactitud superior al 1 por 100.
Hay que destacar, sin embargo, que H. A. Lorentz, mucho antes de establecerse la teoría de la relatividad, dio ya una teoría de este fenómeno por vía puramente electrodinámica y utilizando determinadas hipótesis sobre la estructura electromagnética de la materia. Pero esta circunstancia no merma para nada el poder probatorio del experimento, en tanto que experimentum crucis a favor de la teoría de la relatividad. Pues la Electrodinámica de Maxwell-Lorentz, sobre la cual descansaba la teoría original, no está para nada en con­tradicción con la teoría de la relatividad. Esta última ha emanado más bien de la Electrodinámica como resu­men y generalización asombrosamente sencillos de las hipótesis, antes mutuamente independientes, que ser­vían de fundamento a la Electrodinámica.




[1] Fizeau halló W =  w+v(1-  1/n2)  , donde n = c/w es el índice de refracción del líquido. Por otro lado, debido a que  vw/c2  es muy pequeño frente a 1, se puede sustituir (B) por W = (w+v) (1-  vw/2), o bien, con la misma aproximación,   w+v  (1-  1/n2), lo cual concuerda con el resultado de Fizeau.


                     


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